3er Festival Cultural Valladolid

De la alegría al aplauso en el Festival Cultural Valladolid

Indiscutiblemente el éxito de todo espectáculo puede medirse de dos maneras: el público entusiasta abarrotando el lugar del acontecimiento o la aclamación convertida en aplauso. En este sentido, podemos decir, sin lugar a duda, no por la grandeza del espectáculo, sin despreciar éste, sino por su profundo significado educativo, que el Festival Cultural Valladolid fue todo un éxito: se llenó el teatro y hubo muchos aplausos. Desde el ámbito de los festivales, no se puede esperar nada más que diversión y entretenimiento, pero, aceptarlo así, sería negar la dimensión más rica y expresiva de la actividad creadora que enriquece las posibilidades del ser humano: el baile, la actuación, la música y la poesía transfiguran y definen la sensibilidad y el carácter del hombre y la mujer. Es cierto, con la diversión, gozamos admirablemente de lo que nos apasiona y hace felices; con el entretenimiento, disfrutamos simplemente el tiempo cuando nada nos ocupa. El placer de la diversión es siempre más vivo porque descubre nuestras preferencias e intereses; casi siempre, nos conduce a la emoción indescriptible y al entusiasmo del éxtasis: experiencias reales de inegable plenitud humana y felicidad. El placer del entretenimiento siempre es frívolo y ligero, alcanzando su finalidad, llenar el tiempo, termina aburriéndonos. En este ambiente de presentación y celebración, nuestro festival, ni diversión ni entretenimiento, sino gozo pleno y alegría sin límites. Sí, la entrañable participación de todos superó cualquier afán efímero de espectáculo; con todo y su sentido de diversión o entretenimiento trascendió lo insulso de una velada escolar al permitirnos el encanto admirable, nunca aburrido, siempre complaciente, nunca impaciente, de la ilusión feliz del encuentro en el escenario: con ellos y por ellos, nuestros niños y niñas, que con su gracia y candor nos enseñaron qué tan sencilla y sin complicaciones es la vida para ser feliz; con ellos y por ellos, nuestros jóvenes, que con el vigor de su juventud, nos mostraron qué tan generosa es la existencia cuando se busca ser con pasión y entrega; con ellos y ellas, profesores y profesoras, y mamás, que espléndidos en el aula y el hogar, nos demostraron cómo el amor y la alegría acompañan sin mesura su quehacer cotidiano. Sin ser especialistas, con energía y dinamismo, todos y todas nos contagiaron de alegría y entusiasmo; su dominio, control y disciplinas nos llenaron de admiración; su atención y cuidado en cada detalle, nos sorprendieron; su determinación y presteza nos animó; su perseverancia y paciencia en lograrlo nos enseñaron cómo nuestros alumnos y alumnas, hijos e hijas, sin ser celebridades, son ESTRELLAS que orientan nuestro empeño. Ése fue, pues, el modo admirable por el que nuestro festival cultural nos llevó de la alegría al aplauso. ¡Felicidades!

Mtro. Gerardo Lara Anguiano